noviembre 04, 2006

Matías Vértigo -> Relatos Sonoros (I)

He aquí las reflexiones de Matías Vértigo. De él sé poco...o mucho. Lo que he podido extraer de estos cuantos relatos que llegaron a mis manos sin buscarlos y que sin la presión de la búsqueda prendieron en mí como una llama sutil. Sé que es, o fue, o será, universitario. Español. O no. Sé que no es feo, ni católico ni tal vez sentimental como un Marqués de Bradomín cualquiera. Sé que lo que dice tiene el sonido de lo auténtico. Y sé, atisbo...intuyo...que alguien más que yo...merece compartir algo tan sonoro. No me pidan a mí explicaciones. No sabré dárselas. Y no busquen...sobre todo no busquen...si algo sé de mi extraño confidente es que no puede ser buscado, si acaso, encontrado.

Relato I. Primer Axioma (O lo que Matías Vértigo no sabe ser).

La vida de un universitario está marcada por una mezcla explosiva (pero absurda) de tópicos y expectativas, lo que (de)genera en un conjunto de expectativas de tópicos. Todo es una carrera por ver quién es más progresista, más subversivo, más sexualmente activo (alguno pasivo), más desentendido de los resultados prácticos del estudio pero al mismo tiempo más capaz de alcanzarlos con desaliño de diseño. Una carrera predeterminada y perfectamente acotada, efectista más que efectiva, como un laberinto en el que todos entran por la misma puerta y en la que todos saben que saldrán por el mismo sitio, que recorrerán las mismas curvas y tendrán los mismos obstáculos y en la que comportarse como si todo fuera nuevo, especial, único y definitorio es el camino más corto para adocenarse en la ingenuidad de creer que fumarse un porro y escuchar a grupos alternativos implica desmarcarse del "sistema", en la tierna pero obscena ingenuidad de que desmarcarse homogéneamente sirve para algo. Sin convicción sólo hay teatro del absurdo, y con ella sólo hay sainetes. No me pregunten cuál es la alternativa. No, no es Sartre. No es el budismo. Es la honestidad con uno mismo, la asunción de tus límites como primer paso para intentar ensancharlos, el respeto por las inercias como principio para conseguir puntos de inflexión. Reales no creados de diseño para que sean de consumo estándar con ínfulas de Desmarque Oficial del Sistema. Siempre he detestado la estupidez asumida. Porque sólo se asume cuando te ha embaucado, y uno siempre merece su engaño. Estoy harto de mentirosos, de falsos, de estúpidos, de teatros del absurdo, de comedietas de tercera justificando posiciones éticas o políticas que no existen por el principio de Heisenberg, harto de universitarios de diseño contra el diseño, de vapuleos holográficos de lo establecido, del culto a la subversión radicalmente falsa y por ello radicalmente despreciable. Harto de iconos vacíos, y de vacíos que sirven de icono, de camarillas casposas disfrazadas de libertarias, de grupos simiescos disfrazados de voluntades emprendedoras, de mediocres con sonrisa de genios autosugestionados, de profesores con afán de enseñarse lo que saben más que de enseñarme lo que debería saber, harto de estar harto, de pagar mi cuota, mi entrada a este puto teatro, de ser lúcido y pagar la contraprestación por mi lucidez. Harto de dudar si estoy harto, de ser simio, y estúpido, y deshonesto, y sexualmente activo, y progre, y subversivo. Harto de no serlo. Y no aspiro a suicidarme, no me alimento de tristeza, no tengo depresión, no soy un friki, no soy un marginado. ¿Qué soy? no lo sé, pero sí sé lo que no soy y lo que no he sido y lo que no quiero ser. Y cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que soy afortunado por saberlo.