Matías Vértigo -> Relatos Sonoros (VI)
Llegados a este punto, Matías se atreve a ofrecer una letanía de palabras ausentes. Todas ellas destinadas a purificar parcialmente su alma. Silencio…presten minuciosa atención a esta sinfonía arrítmica y muda.
Relato VI. Pensamientos (Im)perfectos (O lo que Matías Vértigo merecía olvidar)
En el devenir de mi reciente existencia recorrí con mi alma, ante la inevitable inercia de mis días, mi entorno más cercano, sin poder evitar la injerencia intermitente e hiriente de elementos deseables y deseosos, inescrutables y perturbadores, que el tiempo se empeñó en mecer. Me dispongo a desnudar sin acritud mis pensamientos más imperfectos, sin someterme a orden racional alguno…Aniceto Poltrón enjuaga su conciencia en pilas de agua bendita, y rajaría a la diosa Fortuna si ésta dejara de sonreírle. Sus vínculos personales se ensombrecen ante su ingenio blando y pernicioso, y su lógica es digna de una pirueta que desemboca en un oscuro accidente. Higinio Odre manufactura en su cerebro los recuerdos vomitivos de la noche más estúpida. Su sentido del humor es tautológico y alimenta sin límites mi aversión. Jacobo Tartufo inventa su vida con ansias de superioridad, sin atisbar que la ignorancia que cree exportar a los demás no es sino fruto de su escabrosa mente. Su moral es sórdida, sus hipócritas palabras y su vacua idiosincrasia se descuelgan con vergüenza por el vacío que él mismo ha decorado con tono rojo pérfido. Marcelo Mirmidón siempre se empeña en imprimir la mediocridad y en encararse a un sistema absurdo, que lo absorbe con suma facilidad. Eudoxia Ínfula adopta forma de sirena, cuyos cantos inocentes se distorsionan con el paso del tiempo; el mismo que desfigura los rostros y atormenta las miradas sin el menor resto de arrepentimiento. Armando Edecán mutila la realidad a presión y destila imprudencia entre sus resquicios humorísticos. Impulsor de la idea más disparatada y su ejecutor más fiel; sus chanzas resbalan como un amanecer límpido. Eufrasio Sinsorgo se conforma con ser una peonza histriónica que se auto-impulsa con vehemencia bajo los efectos de una física impredecible. Lisardo Nidio se quitó la vida sin la menor pereza y se convirtió en un proyectil de plumas negras y pesadas; intuyo que intenta reencontrarse con cautela y ante la mirada de su propia admiración. Mina Puericia condiciona subrepticiamente vidas cercanas con un silencio mórbido. Telma Ebúrnea pisa entre algodones soterrados y se desliza al antojo del viento; de su alma poco puedo decir. Julio Prolijo se vanagloria de su tácita extorsión moral; desprecio su forma de jugar al límite. Jacinto Encono, aguja impertinente de filo huidizo. Federico Rijoso se suspendió en el aire con alas de cartón, y se derramó hasta alcanzar aquella nube, donde se empeña en olvidar su infanticidio. Néstor Enfintoso, acostumbrado a darse baños de pureza, se revuelca en su infame incoherencia emocional. Amalia Manido creyó poder vivir con miedo, incertidumbre y alas petrificadas. Finalmente mi recuerdo global queda en…hipocresía contrastada, traición, remedos de amistad y anhelo de una desaparición esperada.
Relato VI. Pensamientos (Im)perfectos (O lo que Matías Vértigo merecía olvidar)
En el devenir de mi reciente existencia recorrí con mi alma, ante la inevitable inercia de mis días, mi entorno más cercano, sin poder evitar la injerencia intermitente e hiriente de elementos deseables y deseosos, inescrutables y perturbadores, que el tiempo se empeñó en mecer. Me dispongo a desnudar sin acritud mis pensamientos más imperfectos, sin someterme a orden racional alguno…Aniceto Poltrón enjuaga su conciencia en pilas de agua bendita, y rajaría a la diosa Fortuna si ésta dejara de sonreírle. Sus vínculos personales se ensombrecen ante su ingenio blando y pernicioso, y su lógica es digna de una pirueta que desemboca en un oscuro accidente. Higinio Odre manufactura en su cerebro los recuerdos vomitivos de la noche más estúpida. Su sentido del humor es tautológico y alimenta sin límites mi aversión. Jacobo Tartufo inventa su vida con ansias de superioridad, sin atisbar que la ignorancia que cree exportar a los demás no es sino fruto de su escabrosa mente. Su moral es sórdida, sus hipócritas palabras y su vacua idiosincrasia se descuelgan con vergüenza por el vacío que él mismo ha decorado con tono rojo pérfido. Marcelo Mirmidón siempre se empeña en imprimir la mediocridad y en encararse a un sistema absurdo, que lo absorbe con suma facilidad. Eudoxia Ínfula adopta forma de sirena, cuyos cantos inocentes se distorsionan con el paso del tiempo; el mismo que desfigura los rostros y atormenta las miradas sin el menor resto de arrepentimiento. Armando Edecán mutila la realidad a presión y destila imprudencia entre sus resquicios humorísticos. Impulsor de la idea más disparatada y su ejecutor más fiel; sus chanzas resbalan como un amanecer límpido. Eufrasio Sinsorgo se conforma con ser una peonza histriónica que se auto-impulsa con vehemencia bajo los efectos de una física impredecible. Lisardo Nidio se quitó la vida sin la menor pereza y se convirtió en un proyectil de plumas negras y pesadas; intuyo que intenta reencontrarse con cautela y ante la mirada de su propia admiración. Mina Puericia condiciona subrepticiamente vidas cercanas con un silencio mórbido. Telma Ebúrnea pisa entre algodones soterrados y se desliza al antojo del viento; de su alma poco puedo decir. Julio Prolijo se vanagloria de su tácita extorsión moral; desprecio su forma de jugar al límite. Jacinto Encono, aguja impertinente de filo huidizo. Federico Rijoso se suspendió en el aire con alas de cartón, y se derramó hasta alcanzar aquella nube, donde se empeña en olvidar su infanticidio. Néstor Enfintoso, acostumbrado a darse baños de pureza, se revuelca en su infame incoherencia emocional. Amalia Manido creyó poder vivir con miedo, incertidumbre y alas petrificadas. Finalmente mi recuerdo global queda en…hipocresía contrastada, traición, remedos de amistad y anhelo de una desaparición esperada.
